Es probable que alguna vez haya leído que quien rompe un sistema no demuestra tener habilidades comparables a las que posee quien lo asegura (en el sentido de menor mastering para el primero) (¿tema controversial? Posiblemente, sí). Como sea, al parecer esto -también- podría plantearse cuando se quiere que la seguridad sea quebrada desde el pellejo de un criminal vs. el de un pentester (en el mismo sentido de menor mastering).
Si Ud. es un buen observador del peso de la privacidad, descubrirá a qué nos referimos cuando lea nuestra nueva publicación “Fake Access Point“, acerca de cómo crear un access-point falso, para un ataque de MITM (man in the middle).
De cualquier manera, si tiene cómo defender “legítima y legalmente” las consecuencias de sus actos (por hacer o contratar un ataque de esta naturaleza), sabrá que hacerlo tiene mucho sentido. La razón fundamental es la predisposición de las personas con objetos portátiles (laptops, principalmente) de conectarse a redes inalámbricas próximas.
Sólo pregúntese:
A qué usuario no le apetece tener acceso a Internet, libre de las restricciones de seguridad que le imprime la política de seguridad de la compañía y de esos filtros de contenido, que Ud. mismo impuso.
Lo curioso es que la anterior sentencia no es sólo cierta para usuarios convencionales, también lo es para profesionales de tecnología ligados a la seguridad. Tal y cómo lo compartimos -a los participantes- al final de un taller de seguridad, nuestro team realizó un estudio (coordinado) para conocer cuántos de los que eran propensos a conectarse a cualquier access-point, tenían puertos de servicio abiertos (listening) en sus sistemas. El resultado fue 60%.
Ahora súmele a ello, lo que Jonny Lee Miller, en el papel de Dade Murphy (película Hackers), dijo:
“if we were gonna some heavy metal, I’d, uh, work my way through some low security, and try the back door”
Sin duda, robar credenciales a los sistemas heavy metal desde los más indefensos (los usuarios WiFi), puede ser deliciosamente provocador desde la perspectiva de un criminal, bajo el abrigo de la ilegalidad; pero a la vez, tremendamente retador desde la perspectiva de un pentester, a quien podría irle muy mal si se acoje sólo a las habilidades del primero.
Por ello, podemos concluir, que probar la seguridad vía la figura de un pentester puede no ser siempre lo mismo que para un criminal informático, desde las habilidades técnicas puras.

Staff
JaCkSecurity
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